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Mientras sueñas

     Como si de una obra te tratases, te admiro mientras recuerdas la historia que hemos vivido, como si pasaras diapositiva a diapositiva esas imágenes que se han hecho hueco en tu mente, de las que somos dueños y que solo la enfermedad o la muerte puede arrebatarnos.
     Te observo ahora mismo como si el tiempo se hubiera parado, me gusta tanto y me duele tanto ver tu imagen...porque ojalá esa imagen que veo sea siempre la primera que vea en cuanto abra mis ojos cada mañana, porque nunca me cansaría de ver el ángel que reposa dulcemente sobre nuestro lecho.
     ¿Y si lo hago? ¿Y si yo también me entrego? ¿Y si no renuncio a una vida a su lado? ¿Qué podría esperarme? Felicidad. Sin embargo, la decisión está tomada, pero no temas, amor porque mi mayor condena será seguir amándote en silencio mientras que tú, como ángel que eres, desplegarás tus alas como has hecho y aunque me odies y me quieras el resto de tu vida, vivirás libre siendo tú.

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 Exacto, ni siquiera sé cómo empezar ni por dónde, pero la cuestión es que necesito verbalizar todo lo que siento ahora mismo... Solo sé y no entiendo por qué, que te tengo presente todos los días y que, cuando no te veo, te echo de menos, aunque no lo quiera reconocer abiertamente. Solo sé que me preocupa que decidas alejarte de mí porque yo no quiero hacerlo, yo quiero seguir construyendo algo contigo. Solo sé que me da miedo meter la pata contigo y que ya no quieras dialogar conmigo. Solo sé que me importas demasiado y no comprendo por qué, bueno, sí, supongo que... ¿Te aprecio? ¿Te quiero? Supongo que... ¿Siento algo por ti? ¿El qué? ¿Amor? ¿Qué tipo de amor? La verdad es que la barrera la veo difusa porque no sé de qué manera te aprecio: no sé lo que es el amor de madre o el amor de pareja, por ejemplo, pero me preocupa no confirmar qué tipo de amor siento por ti. Supongo que solo sé que te quiero.

Una carta dirigida a la razón de mi vida

Para ti, que siempre has estado a mi lado: Te conocí cuando era muy pequeña, aunque al principio me costaba entenderte, pero con el tiempo logré hacerlo. Sin embargo, tienes un número infinito de facetas, a veces te superas con el nivel de tus historias, pero yo siempre he tratado de comprenderte porque me importas demasiado como para dejarte marchar. Con tan solo trece años, supe que quería pasar el resto de mi vida contigo, así que busqué algo que me permitiera estar a tu lado y así fue. Mi adolescencia fue transcurriendo, contigo siempre en mi pensamiento: cada decisión que debía tomar respecto a mis estudios la consultaba siempre contigo porque tú eras y sigues siendo mi guía. Mi salto definitivo llegó cuando entré en el Grado, donde podía pasar todavía más tiempo a tu lado y donde tú pudiste contarme más historias… ¡Qué bonitos años, los mejores de mi vida! Cuatro años después, con veintidós años, contraje por fin matrimonio contigo… ¡Qué felicidad! ¡Ya nada podrá separarnos!...