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Inefable

 Exacto, ni siquiera sé cómo empezar ni por dónde, pero la cuestión es que necesito verbalizar todo lo que siento ahora mismo... Solo sé y no entiendo por qué, que te tengo presente todos los días y que, cuando no te veo, te echo de menos, aunque no lo quiera reconocer abiertamente. Solo sé que me preocupa que decidas alejarte de mí porque yo no quiero hacerlo, yo quiero seguir construyendo algo contigo. Solo sé que me da miedo meter la pata contigo y que ya no quieras dialogar conmigo. Solo sé que me importas demasiado y no comprendo por qué, bueno, sí, supongo que... ¿Te aprecio? ¿Te quiero? Supongo que... ¿Siento algo por ti? ¿El qué? ¿Amor? ¿Qué tipo de amor? La verdad es que la barrera la veo difusa porque no sé de qué manera te aprecio: no sé lo que es el amor de madre o el amor de pareja, por ejemplo, pero me preocupa no confirmar qué tipo de amor siento por ti. Supongo que solo sé que te quiero.
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Para el quinto miembro de la familia

Hace justamente una semana, le había dicho a mi madre que me apetecía comer cereales, pero que no lo iba a hacer porque quería guardarlos para el lunes, que tengo más prisa. Ella me dijo que si me apetecía comérmelos en ese momento, que no esperara y que lo hiciera, que no dejara para mañana lo que podía hacer hoy y que disfrutara. Por aquel entonces, ya tú te encontrabas cada vez peor y no sabíamos por qué, hasta que hace dos días te llevamos al veterinario y nos llevamos la peor de las noticias... Mi querido Luca, hoy nos has tenido que dejar, demasiado pronto, sin duda, aunque quizá, para la enfermedad que tenías, aguantaste durante mucho tiempo. Tenías el corazón muy grande, literalmente, pero también lo tenías grande por tu generosidad, bondad y amor. Siempre te ponías contento cada vez que nos veías y siempre querías jugar pese a que al final tus limitaciones te superaban. Anoche tuve que despedirme de ti porque era el momento para hacerlo de forma tranquila y, en el fondo, creo ...

Gracias

Querido, amigo: Te escribo esta carta para darte las gracias. Gracias por llegar a mi vida y por enseñarme qué es lo que quiero y realmente necesito. Te conocí y con el tiempo nuestra relación fue evolucionando y, claramente, nuestra complicidad también fue creciendo y qué bonito y satisfactorio es comprobar que llega un momento en el que ya no necesitas palabras para comunicarte porque nuestra expresión y nuestros actos lo dicen todo. Yo no era consciente de que te quería hasta que un día sucedió algo y comprendí que mis ojos no te miraban de cualquier modo. Además, durante la siguiente semana, no paré de soñar contigo y con todo lo que me aportabas y descubrí que, de algún modo, en ti encontré y aprendí qué es lo que realmente quiero y deseo en una pareja. No estamos juntos, ni podremos estarlo y ni siquiera sé si tú verdaderamente llegaste a sentir algo más que una amistad, pero siento que si llegaste a mi vida, no fue para un felices para siempre, sino para darme una respuesta a un...

El árbol de la vida

Érase una vez un hombre que, un día, se adentró en un profundo bosque. Había comenzado a andar sabiendo que nunca antes había estado allí, pero no le importó, no tenía prisa, no tenía motivos para volver. Sin embargo y solo justo cuando sintió que estaba definitivamente perdido, empezó a sentir ganas de regresar al lugar del que procedía, pero no sabía cuál era el camino. De repente, un viejo árbol, el más sabio de cuantos había en aquel paraje natural, le susurró: "No temas, amigo mío porque tu camino de regreso comenzó en el momento en que reconociste que te habías perdido. Ahora sigue adelante y recuerda la razón por la que has decidido retomar el rumbo". Tras esas palabras. solo volvió a escucharse el cántico de los pájaros que habitaban en aquel lugar y, aunque cualquiera diría que ese mensaje podría ser un acertijo, el hombre comprendió perfectamente el consejo del viejo árbol, así que nuestro protagonista continuó hacia delante, hasta que vio la luz tras la oscuridad d...

De repente, la vida se paró

En un balcón se observan unas flores marchitas, unas flores que lloran la pérdida de quienes una vez las cuidaron. También queda una luz encendida. El resto es silencio. Pilar y Jesús fallecieron durante las primeras semanas de la pandemia, seguramente salieron de su casa pensando que regresarían, pero no lo hicieron. Solamente la muerte pudo separarlos. Qué triste historia. Al igual que ellos, muchos otros matrimonios por todo el mundo han tenido ese trágico desenlace. Como su casa, muchos otros hogares han quedado desolados, oscuros, esperando que alguien entre de nuevo en ellos. En muchas de estas casas el tiempo se detuvo en el momento en que fueron abandonadas y la vida, literalmente, se paró.                                                        Fuente: @JoseAntonio_BG

Simplemente humanos

Recuerdo que hace unos pocos años, mi hermana pequeña quería crear una cuenta en Instagram conmigo y me pidió un nombre de usuario. ¿Cómo nos llamaríamos? ¿Cómo serían nuestras publicaciones? ¿Qué tipo de usuario que serviría como "anzuelo" podría atraer al público? A pesar de que esa cuenta finalmente quedó relegada al olvido porque ninguna de las dos supimos mantenerla, decidí llamarla Simplemente humanas . Creo que la cuenta sigue activa, aunque no hay nada, pero si se quieren dar un paseo en un momento extremadamente aburrido de entre todos los que estamos viviendo durante el confinamiento, les dejo el nombre: @simplemente_humanas. ¿Por qué se me ocurrió ese nombre? Pues bien sencillo: me interesa en realidad todo lo relacionado con el ser humano, soy fiel partidaria de que el alma del ser humano se compone por dos elementos que se complementan como si fuesen una pareja de amantes, es decir, la razón y el corazón. Bonita rima esta última, si es que ya dije que se com...

Una carta dirigida a la razón de mi vida

Para ti, que siempre has estado a mi lado: Te conocí cuando era muy pequeña, aunque al principio me costaba entenderte, pero con el tiempo logré hacerlo. Sin embargo, tienes un número infinito de facetas, a veces te superas con el nivel de tus historias, pero yo siempre he tratado de comprenderte porque me importas demasiado como para dejarte marchar. Con tan solo trece años, supe que quería pasar el resto de mi vida contigo, así que busqué algo que me permitiera estar a tu lado y así fue. Mi adolescencia fue transcurriendo, contigo siempre en mi pensamiento: cada decisión que debía tomar respecto a mis estudios la consultaba siempre contigo porque tú eras y sigues siendo mi guía. Mi salto definitivo llegó cuando entré en el Grado, donde podía pasar todavía más tiempo a tu lado y donde tú pudiste contarme más historias… ¡Qué bonitos años, los mejores de mi vida! Cuatro años después, con veintidós años, contraje por fin matrimonio contigo… ¡Qué felicidad! ¡Ya nada podrá separarnos!...