Ir al contenido principal

Gracias

Querido, amigo:

Te escribo esta carta para darte las gracias. Gracias por llegar a mi vida y por enseñarme qué es lo que quiero y realmente necesito.

Te conocí y con el tiempo nuestra relación fue evolucionando y, claramente, nuestra complicidad también fue creciendo y qué bonito y satisfactorio es comprobar que llega un momento en el que ya no necesitas palabras para comunicarte porque nuestra expresión y nuestros actos lo dicen todo. Yo no era consciente de que te quería hasta que un día sucedió algo y comprendí que mis ojos no te miraban de cualquier modo. Además, durante la siguiente semana, no paré de soñar contigo y con todo lo que me aportabas y descubrí que, de algún modo, en ti encontré y aprendí qué es lo que realmente quiero y deseo en una pareja.

No estamos juntos, ni podremos estarlo y ni siquiera sé si tú verdaderamente llegaste a sentir algo más que una amistad, pero siento que si llegaste a mi vida, no fue para un felices para siempre, sino para darme una respuesta a una pregunta que rondaba por mi cabeza, después de descubrir, tiempo atrás, lo que no quería en una relación, pero también para darme cuenta de que no sabía qué era lo que quería. 

Gracias por hacerme sentir especial, por ser atento, por escucharme (aunque luego no preguntaras), por desear pasar tiempo conmigo, por apoyarme, por compartir conmigo tus experiencias y tu modo de ser, por compartir canciones, por enseñarme a ponerme en mi sitio aunque me doliera, por ofrecerte a ayudarme sin que te lo pidiera, por tu interés, por no guardarme rencor cuando nos hemos enfadado, por saber calmarme y darme paz... En definitiva, por quererme bien y porque te nació desde el primer momento. No puedo explicar con palabras qué es eso que me aportaste y que busco en alguien, pero me bastó solo con sentirlo y supongo que eso es lo que cuenta. 

Nunca olvidaré nuestros momentos vividos ni a ti tampoco. Gracias por enseñarme a aprender algo nuevo sobre mí misma. Te quiero y siempre te querré, por muy lejos que estés y por mucho tiempo que pase porque a ti te debo mi forma de amar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Inefable

 Exacto, ni siquiera sé cómo empezar ni por dónde, pero la cuestión es que necesito verbalizar todo lo que siento ahora mismo... Solo sé y no entiendo por qué, que te tengo presente todos los días y que, cuando no te veo, te echo de menos, aunque no lo quiera reconocer abiertamente. Solo sé que me preocupa que decidas alejarte de mí porque yo no quiero hacerlo, yo quiero seguir construyendo algo contigo. Solo sé que me da miedo meter la pata contigo y que ya no quieras dialogar conmigo. Solo sé que me importas demasiado y no comprendo por qué, bueno, sí, supongo que... ¿Te aprecio? ¿Te quiero? Supongo que... ¿Siento algo por ti? ¿El qué? ¿Amor? ¿Qué tipo de amor? La verdad es que la barrera la veo difusa porque no sé de qué manera te aprecio: no sé lo que es el amor de madre o el amor de pareja, por ejemplo, pero me preocupa no confirmar qué tipo de amor siento por ti. Supongo que solo sé que te quiero.

Una carta dirigida a la razón de mi vida

Para ti, que siempre has estado a mi lado: Te conocí cuando era muy pequeña, aunque al principio me costaba entenderte, pero con el tiempo logré hacerlo. Sin embargo, tienes un número infinito de facetas, a veces te superas con el nivel de tus historias, pero yo siempre he tratado de comprenderte porque me importas demasiado como para dejarte marchar. Con tan solo trece años, supe que quería pasar el resto de mi vida contigo, así que busqué algo que me permitiera estar a tu lado y así fue. Mi adolescencia fue transcurriendo, contigo siempre en mi pensamiento: cada decisión que debía tomar respecto a mis estudios la consultaba siempre contigo porque tú eras y sigues siendo mi guía. Mi salto definitivo llegó cuando entré en el Grado, donde podía pasar todavía más tiempo a tu lado y donde tú pudiste contarme más historias… ¡Qué bonitos años, los mejores de mi vida! Cuatro años después, con veintidós años, contraje por fin matrimonio contigo… ¡Qué felicidad! ¡Ya nada podrá separarnos!...