Ir al contenido principal

El árbol de la vida

Érase una vez un hombre que, un día, se adentró en un profundo bosque. Había comenzado a andar sabiendo que nunca antes había estado allí, pero no le importó, no tenía prisa, no tenía motivos para volver. Sin embargo y solo justo cuando sintió que estaba definitivamente perdido, empezó a sentir ganas de regresar al lugar del que procedía, pero no sabía cuál era el camino. De repente, un viejo árbol, el más sabio de cuantos había en aquel paraje natural, le susurró: "No temas, amigo mío porque tu camino de regreso comenzó en el momento en que reconociste que te habías perdido. Ahora sigue adelante y recuerda la razón por la que has decidido retomar el rumbo". Tras esas palabras. solo volvió a escucharse el cántico de los pájaros que habitaban en aquel lugar y, aunque cualquiera diría que ese mensaje podría ser un acertijo, el hombre comprendió perfectamente el consejo del viejo árbol, así que nuestro protagonista continuó hacia delante, hasta que vio la luz tras la oscuridad de aquellos árboles tan altos y espesos y, de repente, el hombre se encontró así mismo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Inefable

 Exacto, ni siquiera sé cómo empezar ni por dónde, pero la cuestión es que necesito verbalizar todo lo que siento ahora mismo... Solo sé y no entiendo por qué, que te tengo presente todos los días y que, cuando no te veo, te echo de menos, aunque no lo quiera reconocer abiertamente. Solo sé que me preocupa que decidas alejarte de mí porque yo no quiero hacerlo, yo quiero seguir construyendo algo contigo. Solo sé que me da miedo meter la pata contigo y que ya no quieras dialogar conmigo. Solo sé que me importas demasiado y no comprendo por qué, bueno, sí, supongo que... ¿Te aprecio? ¿Te quiero? Supongo que... ¿Siento algo por ti? ¿El qué? ¿Amor? ¿Qué tipo de amor? La verdad es que la barrera la veo difusa porque no sé de qué manera te aprecio: no sé lo que es el amor de madre o el amor de pareja, por ejemplo, pero me preocupa no confirmar qué tipo de amor siento por ti. Supongo que solo sé que te quiero.

Una carta dirigida a la razón de mi vida

Para ti, que siempre has estado a mi lado: Te conocí cuando era muy pequeña, aunque al principio me costaba entenderte, pero con el tiempo logré hacerlo. Sin embargo, tienes un número infinito de facetas, a veces te superas con el nivel de tus historias, pero yo siempre he tratado de comprenderte porque me importas demasiado como para dejarte marchar. Con tan solo trece años, supe que quería pasar el resto de mi vida contigo, así que busqué algo que me permitiera estar a tu lado y así fue. Mi adolescencia fue transcurriendo, contigo siempre en mi pensamiento: cada decisión que debía tomar respecto a mis estudios la consultaba siempre contigo porque tú eras y sigues siendo mi guía. Mi salto definitivo llegó cuando entré en el Grado, donde podía pasar todavía más tiempo a tu lado y donde tú pudiste contarme más historias… ¡Qué bonitos años, los mejores de mi vida! Cuatro años después, con veintidós años, contraje por fin matrimonio contigo… ¡Qué felicidad! ¡Ya nada podrá separarnos!...