Ir al contenido principal

Simplemente humanos

Recuerdo que hace unos pocos años, mi hermana pequeña quería crear una cuenta en Instagram conmigo y me pidió un nombre de usuario. ¿Cómo nos llamaríamos? ¿Cómo serían nuestras publicaciones? ¿Qué tipo de usuario que serviría como "anzuelo" podría atraer al público? A pesar de que esa cuenta finalmente quedó relegada al olvido porque ninguna de las dos supimos mantenerla, decidí llamarla Simplemente humanas. Creo que la cuenta sigue activa, aunque no hay nada, pero si se quieren dar un paseo en un momento extremadamente aburrido de entre todos los que estamos viviendo durante el confinamiento, les dejo el nombre: @simplemente_humanas.
¿Por qué se me ocurrió ese nombre? Pues bien sencillo: me interesa en realidad todo lo relacionado con el ser humano, soy fiel partidaria de que el alma del ser humano se compone por dos elementos que se complementan como si fuesen una pareja de amantes, es decir, la razón y el corazón. Bonita rima esta última, si es que ya dije que se complementaban... Siempre, desde que tengo uso de razón, he querido alcanzar la máxima perfección como ser humano, ser moralmente correcta porque sé que eso me hará feliz y mejor persona. Este objetivo me ha llevado a olvidar que aquello que nos lleva a confirmarnos y a realizarnos como seres humanos es, precisamente, la imperfección, la presencia de defectos tanto físicos como psicológicos, el dominio de la razón frente al corazón o viceversa.
¿En qué momentos nos damos cuenta de que verdaderamente somos humanos? Pues cuando nos enfrentamos a situaciones sobre las que, cuando no las has vivido, piensas que serías y actuarías de una manera o de otra y, cuando te encuentras ante ellas, no haces precisamente aquello que consideras ético o moralmente correcto. Como seguramente al leer esto pensarán que se trata de una entrada que se acerca al surrealismo y a la cúspide de la escritura automática, les pondré un ejemplo: los celos. Ese sentimiento y terrible defecto, sinónimo de "sufrimiento" que padecemos probablemente el 90% de la población mundial y que se manifiesta de diversas formas. Cuando nunca has tenido pareja, por ejemplo, y observas situaciones de relaciones tóxicas o te imaginas cómo será el día en que tengas una relación sentimental con alguien, decides que nunca serás infiel, que nunca serás un obseso u obsesa del control, que debemos delimitar unos espacios... Efectivamente, todo esto y lo que quedó sin mencionar es clave para el éxito de una relación, no lo pongo en duda y es lo que todos debemos procurar. Ahora bien, otra cosa es lo que tú sientas realmente, como puede ser aceptar que tenemos derecho a salir con nuestras amistades, pero en el fondo de nuestros corazones nos gustaría tener a esa persona solamente para nosotros. ¿Significa esto que somos egoístas? Sí. ¿Significa que somos malas personas por sentir lo contrario de lo que es ético? Tampoco. Evidentemente, existe un límite, en el sentido de que una cosa es que quieras a tu pareja solamente para ti, pero luego seas coherente y no la prives de su libertad, y otra muy distinta es dejarnos llevar por ese sentimiento negativo. No obstante, no somos malas personas por sentirlo porque joder, es nuestra pareja, con el tiempo la vamos queriendo más, si es que a fin de cuentas somos simplemente humanos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Inefable

 Exacto, ni siquiera sé cómo empezar ni por dónde, pero la cuestión es que necesito verbalizar todo lo que siento ahora mismo... Solo sé y no entiendo por qué, que te tengo presente todos los días y que, cuando no te veo, te echo de menos, aunque no lo quiera reconocer abiertamente. Solo sé que me preocupa que decidas alejarte de mí porque yo no quiero hacerlo, yo quiero seguir construyendo algo contigo. Solo sé que me da miedo meter la pata contigo y que ya no quieras dialogar conmigo. Solo sé que me importas demasiado y no comprendo por qué, bueno, sí, supongo que... ¿Te aprecio? ¿Te quiero? Supongo que... ¿Siento algo por ti? ¿El qué? ¿Amor? ¿Qué tipo de amor? La verdad es que la barrera la veo difusa porque no sé de qué manera te aprecio: no sé lo que es el amor de madre o el amor de pareja, por ejemplo, pero me preocupa no confirmar qué tipo de amor siento por ti. Supongo que solo sé que te quiero.

Una carta dirigida a la razón de mi vida

Para ti, que siempre has estado a mi lado: Te conocí cuando era muy pequeña, aunque al principio me costaba entenderte, pero con el tiempo logré hacerlo. Sin embargo, tienes un número infinito de facetas, a veces te superas con el nivel de tus historias, pero yo siempre he tratado de comprenderte porque me importas demasiado como para dejarte marchar. Con tan solo trece años, supe que quería pasar el resto de mi vida contigo, así que busqué algo que me permitiera estar a tu lado y así fue. Mi adolescencia fue transcurriendo, contigo siempre en mi pensamiento: cada decisión que debía tomar respecto a mis estudios la consultaba siempre contigo porque tú eras y sigues siendo mi guía. Mi salto definitivo llegó cuando entré en el Grado, donde podía pasar todavía más tiempo a tu lado y donde tú pudiste contarme más historias… ¡Qué bonitos años, los mejores de mi vida! Cuatro años después, con veintidós años, contraje por fin matrimonio contigo… ¡Qué felicidad! ¡Ya nada podrá separarnos!...