El tiempo. El tiempo que corre y no espera por nosotros. El ser humano siempre luchando contra el tiempo, su mayor enemigo, el que no perdona, la razón por la que siempre nos estamos lamentando... Muchos se preguntan por qué no disponen de más tiempo para saber Dios qué, pero la realidad es que hay momentos en los que no es necesario ni tan siquiera cinco minutos para enamorarte, para tomar la decisión que lo cambiará todo... A veces, vivimos con tanta intensidad, que nos da absolutamente igual que tengamos todo el tiempo del mundo para realizar algo. No obstante, tampoco creo en esos momentos en los que una persona le dice a su pareja: No te preocupes, tenemos toda una vida para seguir conociéndonos. Mentira. ¿Y si mañana decides marcharte a otro lugar y dejar todo atrás? ¿Y si mañana simplemente ya no estás? Entonces, ¿para qué esperar cuándo se trata del momento perfecto para conocerse? En fin, la relatividad del tiempo.
Exacto, ni siquiera sé cómo empezar ni por dónde, pero la cuestión es que necesito verbalizar todo lo que siento ahora mismo... Solo sé y no entiendo por qué, que te tengo presente todos los días y que, cuando no te veo, te echo de menos, aunque no lo quiera reconocer abiertamente. Solo sé que me preocupa que decidas alejarte de mí porque yo no quiero hacerlo, yo quiero seguir construyendo algo contigo. Solo sé que me da miedo meter la pata contigo y que ya no quieras dialogar conmigo. Solo sé que me importas demasiado y no comprendo por qué, bueno, sí, supongo que... ¿Te aprecio? ¿Te quiero? Supongo que... ¿Siento algo por ti? ¿El qué? ¿Amor? ¿Qué tipo de amor? La verdad es que la barrera la veo difusa porque no sé de qué manera te aprecio: no sé lo que es el amor de madre o el amor de pareja, por ejemplo, pero me preocupa no confirmar qué tipo de amor siento por ti. Supongo que solo sé que te quiero.
Comentarios
Publicar un comentario